
JUAN DE PALAFOX, CONVERSIÓN Y GRACIA
El Papa ha aprobado el primer milagro en la Causa de canonización de Juan de Palafox, que fue obispo de Puebla (México) y de Osma, ejemplo de conversión.
La vida de Juan de Palafox no pareció empezar nada bien. En el relato autobiográfico Vida interior, donde se refiere a él mismo en tercera persona, se llama a sí mismo Hijo del delito, por serlo fuera del matrimonio, y cuenta que, "puesto en una cesta, arrojaron sobre ella muchos lienzos, lo dejaron algún tiempo en el campo, escondido entre unas hierbas, hasta que después lo llevaron a arrojar a un río cerca de allí". Lo recogió un anciano que lo acogió en su casa, lo bautizó y lo crió. Todo ellos ocurrió en Fitero, Navarra, en el año de 1600. No fue hasta diez años más tarde cuando su padre, Jaime de Palafox, marques de Ariza, le reconoció como hijo legítimo y le dio una espléndida educación, mandándole a las universidades de Huesca, Alcalá y Salamanca. Allí llevó una vida algo licenciosa, en lo que él llamaba travesuras, algo llamativo, pues no era raro que sus noches acabaran con alguna partida de hombres buscándole para matarlo. Una de esas noches ocurrió algo sorprendente: mientras cogía una pistola para salir de casa, ésta se disparó, estando la boca del cañón apuntando a su pecho, pero la bala fue a parar a un lienzo de la Transfiguración, que detuvo el disparo; el volvió a cargar el arma y salió de casa a seguir con sus travesuras.
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