Seguimos morados de Cuaresma, y morada se ha debido de poner la empresa de publicidad que ha inundado España de carteles contra el aborto, está bien crear puestos de trabajo en unos tiempos tan difíciles, y la Conferencia Episcopal no iba a ser menos. También gusta el recuperar las excomuniones, cuando las sacristías se llenan de apóstatas, a los que se les pone mil trabas para darse de baja.
Este país tiene dos relojes, uno marca la hora de la sociedad y el otro la de la Iglesia, aunque en el fondo lo que desea esta última es marcar los tiempos de toda la ciudadanía. Pero volviendo al desagradable tema del dinero, ¿no hubiese estado mejor dedicarlo a ayudar a las madres que se ven obliadas a abortar? Todo suena a demagogía, y más cuando nos enfrentamos a un tema en el que se ve que la sociedad en pleno está fracasando.
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