Si yo fuera pintor
no pintaría, Soria, tu yermo y tu pastor.
En mi paleta habría un rosa de rubor,
un amarillo augusto y un verde verdecido,
porque tienes la gracia de un país recién nacido.
Pintaría tus árboles señeros y viudos,
aquel olmo decrépito, de quirúrgicos nudos,
aquel plañente sauce, todo esbelto de gracia,
y entre menudas guijas, aquella urbana acacia.
Pintaría las márgenes del Duero
con el puente, la fábrica, la presa, el lavadero;
y aquel alero, aquel balcón
y aquella casa que parece de cartón.
Y todas las siluetas, las amadas siluetas
de tus torres manchadas del poniente sangriento.
Y así otros mil motivos en otras mil viñetas
para guardarte íntegra tal como yo te siento.
GERARDO DIEGO, Si yo fuera pintor.
no pintaría, Soria, tu yermo y tu pastor.
En mi paleta habría un rosa de rubor,
un amarillo augusto y un verde verdecido,
porque tienes la gracia de un país recién nacido.
Pintaría tus árboles señeros y viudos,
aquel olmo decrépito, de quirúrgicos nudos,
aquel plañente sauce, todo esbelto de gracia,
y entre menudas guijas, aquella urbana acacia.
Pintaría las márgenes del Duero
con el puente, la fábrica, la presa, el lavadero;
y aquel alero, aquel balcón
y aquella casa que parece de cartón.
Y todas las siluetas, las amadas siluetas
de tus torres manchadas del poniente sangriento.
Y así otros mil motivos en otras mil viñetas
para guardarte íntegra tal como yo te siento.
GERARDO DIEGO, Si yo fuera pintor.
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