
1 de septiembre. +XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
- Dt 4, 1-2. 6-8. No añadáis nada a lo que yo os mando..., observaréis los preceptos del Señor.
- Sal 14. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
- Sant 1, 16b-18. 21b-22. 27. Llevad a la práctica la palabra.
- Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Volvemos al Evangelio de san Marcos. Para Jesús las prescripciones que establecen barreras entre lo puro y lo impuro quedan ahora superadas, no desde la anulación que niega, sino desde la concentración que perfecciona. Y la perfección que Jesús pide es la actitud del corazón que tiene en cuenta al otro, sin exclusiones. La bienaventuranza de los corazones puros. Es lo que aplica Santiago en su carta sobre la religiosidad auténtica. Si nos empeñamos en rechazar lo impuro por sí mismo, podemos caer en la hipocresía de no reconocer que lo que nos hace impuros es lo que brota de nosotros mismos.
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