lunes, 24 de marzo de 2025

III SEMANA DE CUARESMA



25 de marzo. MARTES. ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR, solemnidad. Fiesta de origen oriental, que pasó a Roma en el siglo VII.

Solemnidad de la Anunciación del Señor. Llegada la plenitud de los tiempos, el que desde antes de los siglos era el Unigénito Hijo de Dios, por nosotros los hombres y las mujeres y por nuestra salvación, por obra del Espíritu Santo se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre (elog. del Martirologio Romano).

Is 7, 10-14; 8, 10b. Mirad: la virgen está encinta.
Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Heb 10, 4-10. Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí: para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad.
Lc 1, 26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

El saludo del ángel a María es especial. "¡Jaire!, ¡alégrate!", le dice. Y así comienza nuestro Nuevo Testamento, con esta alegría que va a recorrer todo el camino de Jesús y el camino de la Iglesia. Con ella comienza la Buena Noticia, el Evangelio. María no dudó, ella no pregunta el "qué", sino el "cómo", porque ella está abierta a Dios en todo momento. Es lo que respondemos en el Salmo con ella: "Aquí estoy", sabiendo que el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, el que es Dios y hombre verdadero que nos llevará a la alegría eterna de la resurrección.

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En el portentoso Misterio de la Encarnación, el Hijo de Dios se anonadó a sí mismo, tomando forma y naturaleza de siervo en las entrañas de la Virgen María. Adoremos el anonadamiento del Verbo hecho carne, y admiremos el encumbramiento de esta doncellita elevada hoy a excelsa dignidad de Madre de Dios.

Oración:
Amigo, tú que encarnaste la Palabra en el seno de María; que viendo tu bondad podamos confesar a Jesús, como Dios y como hombre verdadero, y descubramos que somos semejantes a él en naturaleza divina.


JORNADA POR LA VIDA

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