16 de agosto. + XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.
- Is 56, 1. 6-7. A los extranjeros los traeré a mi monte santo.
- Sal 66. Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
- Rom 11, 13-15. 29-32. Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel.
- Mt 15, 21-28. Mujer, qué grande es tu fe.
El amor de Dios y sus promesas que se infunden en nuestros corazones no tiene fronteras. Pero ¿por qué habla Jesús así? Para que la fe sea fe tiene que haber quien viva esa fe con verdad. Y para eso ha venido Jesús, para que los hijos de Israel comprendan y vivan su fe aceptándole como el Mesías salvador. Pues al salvación de todos viene a través de ellos como le dice Jesús a la samaritana, y sobre todo reflexiona San Pablo. Jesús exclama que la fe de esta mujer pagana es grande, y de esta manera enseña a sus discípulos, a su Iglesia, a vivir la fe sin exclusiones y a ser acogedores con todos. Esa fe que Jesús no ha encontrado entre tanta discusión sobre lo puro e impuro, la encuentra ahora en esta mujer necesitada. La humanidad necesitada que clama rompe todas las barreras ante Dios.

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