- Ez 33, 7-9. Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.
- Sal 94. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón".
- Rom 13, 8-10. La plenitud de la ley es el amor.
- Mt 18, 15-20. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Somos los hijos de su amor, un amor que se plasma en la fraternidad, y que se hace concreto en el perdón y en la corrección. Y esto solo podemos hacerlo desde la misericordia, con el amor que se pone en lugar de otro. No se trata de recordar leyes y normas, sino del deseo de corazón de no romper la comunión, de seguir unidos y de que Dios manifieste su misericordia a través de los hermanos. Es la única manera de superar conflictos desde el perdón, aceptando así la responsabilidad que tenemos de intentar salvarnos juntos, sin dejar nunca la estrecha senda de la reconciliación que pasa por la conversión.

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